5 de octubre de 2010

¿Realidad o ficción? Capítulo 2

¡NO LEER SI NO SE HA LEÍDO LA NOVELA!

Jueves 22 de marzo de 2007, 13:46h
Tengo miedo

Estoy en casa.
Al final no he ido a la oficina. Los nervios y mi imaginación -que cuando quiere se desborda- han podido conmigo. He llamado a uno de mis clientes con el que hoy tenía una reunión y la he pasado a mañana. El resto de cosas que tenía pendientes para hoy las puedo hacer perfectamente desde aquí, aunque con la de tonterías que me pasan a mil por hora por la cabeza no es que esté en las mejores condiciones para ello.

[Real: ese día tenía una reunión con un cliente, pero no la anulé. Sólo se retrasó hasta la tarde, y no por mí, si no por él.]

Para empezar, soy un tío bastante freak, no voy a ser yo quién lo niegue. Colecciono cómics desde pequeño, al igual que películas -originales-, leo sobre todo libros de fantasía y terror, y encima juego a rol con los amigos de toda la vida cuando logramos juntarnos. El "pack completo", que se suele decir, lo que me lleva a tener una mente bastante abierta.

[Real: lo descrito aquí como el "pack completo" no es tal, lo suavicé para el relato, ya que no quería asustar a los lectores. Además de lo mencionado, he dibujado cómics durante varios años, he ilustrado algún libro, escribo (es evidente) y también juego a videojuegos desde que, en el año 1982, mi padre se presentó en casa unas Navidades con un Spectrum ZX 48 ks -el de las preciosas teclas de goma de colorines-. Ah, y a parte de jugar a rol con los amigos he jugado a bastantes MMORPGs y a Magic. Ahora sí: he aquí el "pack completo".]

En cuanto he visto que no tenía ni un rasguño, lo primero que he pensado ha sido: "¡Coño, soy como Lobezno!" Luego me ha entrado el pánico.

Estas cosas sólo pasan en los tebeos o en las películas. No son reales. No soy un jodido mutante ni me he comido un trozo de meteorito que me ha dado poderes. Probablemente lo que me suceda es que estoy enfermo. O loco.

Uno de los vecinos -no recuerdo su nombre- me dijo que debería ir a que me viera un médico. Quizás tenga razón. Pero a ver,... ¿qué le voy a decir? "Perdone doctor, anteayer me peleé con mi vecino y quedé hecho una piltrafa pero hoy me he levantado y como nuevo, oiga. ¿Sabe usted si es normal?"
Pero eso no es todo. Ayer mientras comíamos, Magda, al contarle lo de la hemorragia nasal de antes de que sucediera todo, me dijo que aquello no era normal. Que si me sangraba la nariz por los dos agujeros y de forma continua podía ser algo grave. Y más si ya padecía migrañas. Que fuera al médico sin falta.
Pero la nariz no me ha vuelto a sangrar, y a los médicos no es que les tenga en mucha estima. Además soy una de aquellas personas que va al médico cuando ya no queda más remedio. Sé que no es lo correcto, pero es lo que hay. Hoy me encuentro bien, entonces no voy al médico aunque esté cagado de miedo.

[Real: yo al médico, ahora que estoy casado, voy cuando me obliga mi mujer. Cuando estaba soltero sólo iba si tenía que coger una baja.]

Todavía no le he hablado a nadie sobre lo que me está pasando. Quizás esta tarde llame a Rafa y me vaya a tomar una cerveza con él. Hablar con él siempre me tranquiliza. Es el tío más práctico y lógico que conozco, además de saber sobre casi todo. Seguro que sabe qué hacer. O quizás me mande a la mierda por contarle cuentos chinos.

[Real: el Rafa que aparece en la novela no existe, es una amalgama de varios amigos y conocidos, sobretodo de dos, pero no voy a dar nombres, no sea que me pidan parte del pastel.]

Voy a ver que tengo en la nevera -como si no lo supiera ya-. Tengo un hambre atroz.

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