26 de marzo de 2007

Contradicciones

Sorpresa. Sara me ha llamado hace un rato.
Es increíble cómo puede llegar a cambiar un día que ha empezado como el culo.

Sara... Aún no he escrito nada sobre lo sucedido después de nuestro primer beso en la discoteca. He querido mantener viva en mi mente ésa noche por unas horas más, saborearla por completo antes de plasmarla en palabras, prostituirla, privarla de su auténtico significado volcándola en un par de párrafos sujetos a miles de interpretaciones distintas, totalmente subjetivas.
De hecho, cualquier cosa que escriba no le hará justícia a ésa febril noche de descubrimientos, por lo que me limitaré a decir que desperté el domingo en el piso que Sara comparte con otras dos chicas en el Barrio Gótico, y que después de invitarme a almorzar fuimos a pasear y hablamos de todo y de nada. A media tarde nos despedimos e intercambiamos nuestros móviles. Me dió un último beso y me dijo que ya me llamaría ella. Observé cómo se alejaba hasta perderla de vista entre la gente. Sabía que aunque no la volviera a ver -que era lo que temía- nunca olvidaría su sonrisa pícara y sus ojos inquietos.

Cuando pienso en una posible nueva relación, no puedo evitar pensar en Susana. Hace ya un año y tres meses que me dejó por un tipo con un buen trabajo, ambicioso, y con los pies en la tierra. Después de seis años se dió cuenta de repente de que no estábamos hechos el uno para el otro, y dos semanas después ya estaba instalada en el piso de su nuevo amigo. Ahora está embarazada de seis meses y es feliz.
En cambio yo no lo he superado aún. No sé si estoy preparado para empezar de nuevo. Susana me destrozó por completo e incineró los restos de lo que yo era, dejando que el viento dispersara luego las cenizas. Me he sentido perdido desde entonces. Hundido y humillado. Solo.

Hasta ahora.
Creo que éste don, éstos poderes que me hacen distinto, son una espécie de señal. Ha llegado la hora de que tome las riendas de mi vida y haga algo. Por mí y por los demás.

Mañana he quedado para comer con Sara. Dice que tiene una sorpresa para mí.
Cuando ha sonado el móvil hace un rato creí que sería Rafa. O mi madre. Estaba totalmente convencido de que no volvería a ver a Sara, tanto que ni pensé en ésa posibilidad. Cuando una mujer te dice que ya te llamará ella es mala señal, por bien que te parezca que ha ido todo. Pero me equivocaba. Y me alegro. Creo que ésta chica es distinta de todas las que he conocido.
Pero hay algo que me preocupa, que me reconcome por dentro. No sé si es justo dejar entrar a alguien en mi vida en éste momento tan extraño.
Sé que me adelanto a los acontecimientos pensando éstas cosas, pero no puedo evitarlo. No sé qué pasará mañana, o pasado. Puede que me metan en prisión por asesinato la semana que viene. O puede que realmente me esté volviendo loco y esté imaginando todo. Puede que incluso Sara sea un producto de mi imaginación.

Éste mismo escrito certifica mis dudas, mi incertidumbre. Mis propias contradicciones me están acorralando.

Quizás debería ir a un médico. Puede que esté teniendo alucinaciones a causa de las pérdidas de sangre. Ésta tarde he vuelto a sangrar copiosamente.

Creo que ésta noche me costará dormirme otra vez. Mierda.

2 comentarios:

aaaagh! dijo...

Estoy encantado con tus relatos, son buenísimos. Supongo que eres catalán, y quizás por eso se te ha escapado "mo-b-il", que es con "v".

Un saludo and keep up the good work ;-)

Anónimo dijo...

Muy buenas. Sigo tu historia con interés. Me gusta bastante tu estilo y ese camino que parece que lleva la historia.

Espero que sigas escribiendo.