22 de marzo de 2007

Ésto empieza a gustarme

No sé qué pensar. Les he dado de ostias a dos seguratas de la Renfe. Y lo peor es que no me arrepiento en absoluto.

Mejor empiezo por el principio. A las cinco y media he quedado con Rafa en el Menta Negra. Él ha llegado diez minutos tarde, como de costumbre, y yo ya me había ventilado la primera mediana. Ha pedido dos más -una para mi y otra para él- y se ha sentado delante mío. Me ha observado durante unos segundos y, enarcando su ceja de "algo no anda bien" me ha preguntado qué era aquello tan importante que quería contarle. Nos hemos tomado tres cervezas cada uno mientras le contaba todo lo sucedido en los últimos tres días. Él se lo ha tomado como una coña, como era de esperar, y la conversación ha dado un giro totalmente esperado hacia las putadas que le hace Marta, su novia. Es el tema habitual -y diría que favorito- de Rafa.

Luego hemos bajado hasta el paseo marítimo y nos hemos estado un rato observando el mar hasta que ha empezado a bajar el sol. El "contentillo" provocado por las medianas también ha bajado y después de un buen rato en silencio me ha preguntado si todo lo que le he contado iba en serio. Le he contestado que si quiere acompañarme a casa se lo demuestro, y se me ha quedado mirando. En sus ojos he avistado un chispazo de duda, pero no ha llegado a prender y haciendo un gesto con la mano me ha indicado que dejáramos el tema.

Sé perfectamente que es prácticamente imposible que alguien me crea. No me lo creo ni yo...

Cuando hemos llegado a la estación de la Renfe es cuando ha empezado todo. Desde lejos ya hemos visto algo raro, pero hablando de Marta no le hemos prestado la suficiente atención hasta que ha sido demasiado tarde. Había tres o cuatro personas en el andén, mirando con nerviosismo, atónitas, como un guardia de seguridad sujetaba a una chica mientras su compañero le daba puñetazos a un chico sin que éste hiciera acto de defenderse. Lo tenía cogido por el cuello de la chaqueta y le estaba machacando la cara. Al acercarnos he podido ver que el chaval ya estaba medio inconsciente. Ninguno de los presentes hacía nada. Solo mirar. Mientras, el chaval seguía recibiendo golpes y la chica, sujeta por el otro gorila, gritaba enloquecida que dejaran a su novio. Estaba llorando a lágrima viva.

La verdad es que tanto el chico como la chica tenían bastante mala pinta. Estaban muy pálidos y delgados los dos. Y la chica parecía ir colocada, aunque quizás fuera solo por la impresión.

He vuelto a notar esa sensación de impotencia en la boca del estómago. Parece que te esté diciendo: "¿No piensas hacer nada?"
He avanzado dos pasos y Rafa me ha detenido y me ha mirado con el rostro descompuesto, diciendo con voz temblorosa: "No te metas. No sabes qué ha pasado. Puede que el chaval..." Y ahí he dejado de escuchar. Porque en ese instante la chica se ha soltado y ha corrido hacia el segurata que estaba vapuleando a su novio, gritando que le soltara, que no tenía porque pegarle por haberse colado en el tren. Y entonces ha caído la gota que ha colmado el vaso. El otro guardia de seguridad ha corrido tras ella, la ha cogido del brazo, y después la ha empujado con todas sus fuerzas contra el muro de ladrillos que separa el paseo del andén. La cabeza de la muchacha ha rebotado contra la pared y ha caído inconsciente al suelo. La gente ha retrocedido asustada, gritando, protestando, al mismo tiempo que todo a mi alrededor ha perdido el color y me he visto a mi mismo saltando contra el hijo de puta del segurata.

En cuanto he entrado en contacto con él todo parece haberse sucedido a cámara rápida. Recuerdo haberle pegado una patada en un costado y sus ojos muy abiertos, mirándome como si no se creyera que alguien -probablemente alguien como yo- le estuviera golpeando. Ha intentado agarrarme, pero no sé como me he zafado y le he enchufado un puñetazo en el estómago que le ha hecho retroceder. Entonces su compañero ha soltado al chico -que ha caído al suelo- y ha decidido unirse a la fiesta. Recuerdo perfectamente haber pensado: "Bien, así no tendré que venir a por tí".

Lo siguiente que recuerdo es a Rafa, gritándome que tenía que irme de allí, que venía la policía. El ruido de las sirenas acercándose me ha devuelto al mundo real. Los dos guárdias de seguridad estaban tumbados en el suelo, inconscientes. Más gente se había reunido a nuestro alrededor, disfrutando del jodido "espectáculo", murmurando, y solo tres personas estaban junto al chico y la chica. Uno de ellos decía ser médico.

- ¡Vete! -me ha gritado Rafa -¡Te llamo ésta noche pero pírate ya!
Lo he mirado un segundo. Estaba totalmente acojonado. "Supongo que ahora estás empezando a creerme" he pensado sarcásticamente, y de un salto me he plantado al otro lado del muro y he corrido hasta casa sin detenerme.

Cuando he cruzado la puerta de mi apartamento me he sentido aliviado. Me he sentado en el sofá y he respirado profundamente. El corazón parecía a punto de salirse de mi pecho.

Cuando al fin me he calmado, no he podido evitar pensar que he hecho lo correcto. ¡Qué cojones, esos hijos de mala madre se merecían un poco de su propia medicina!

Sinceramente, sea lo que sea lo que me pasa, me está empezando a gustar más de lo que me asusta.

2 comentarios:

Alejandro dijo...

Hola de nuevo. ;-) Tu historia me tiene intrigado. Normalmente se puede saber la forma que va a tomar el argumento de un libro por su autor. Cada uno tiene un estilo, y tras leer varios libros del mismo, a veces dejan de sorprender. Sin embargo a tí no te conozco de nada, y eso me encanta. :)

Ahora mismo me estoy preguntando si ese tío tiene poderes (y entonces, debo decirlo, quizas esta historia me decepcionaría un poco) o realmente es un perturbado mental que se esta montando una paranoias del copón (mmmm, eso mola :P ).

Seguiré leyéndote. :)

Anónimo dijo...

Tio,me tienes enganchado a tu blog, espero que dure tiempo estas historias...
De camino, ya te he recomendado a un par de amigos :D

Saludos.